domingo, 27 de mayo de 2007

La Presencia


Etérea... siempre muda. Se sentaba diariamente a su lado. Podía sentirla cerca sin necesidad de invitarla. Transparente guardián, parecía recoger fielmente los pedazos de su alma.

No era esa figura tenebrosa y huesuda con la que inevitablemente era asociada. Era mas bien una vieja amiga, siempre sonriente. Alguien con quien compartir un cálido silencio. Una presencia que apenas podía percibirse pero que la reconfortaba, haciéndola sentir como si hubiera un mundo paralelo.

Mundo bizarro que le resultaba cálido y seguro. Donde las tinieblas se convertían en luz y el silencio en delicioso abrigo. Tan diferente de este otro mundo donde el brillo era opaco y el calor helado.

Fiel amiga que enjugaba dulcemente sus lágrimas con la promesa de un mundo mágico, que borraba sus temores y desasosiegos, que acompañaba sus horas de soledad llenando sus minutos de esperanza y su alma de libertad.

Muda, serena, amorosa, esperando el momento oportuno para tomarla de la mano y conducir al fin su alma al hogar donde había vivido desde siempre, al lugar de la eterna fantasía, donde podría sentirse protegido para siempre de todo contacto con la realidad.


Sylvia Vera

Mayo 22, 2002 – Mayo 27, 2007