lunes, 21 de mayo de 2007

La Pesadilla


Sentía un frío intenso y una extraña sensación de estar flotando. No podía entender donde estaba ni lo que sucedía a su alrededor. Todo era tan confuso... Hizo un esfuerzo y se dio cuenta de que no estaba solo. Entonces pudo distinguir con dificultad un mar de sombras y máscaras que se movían lentamente emitiendo sonidos incongruentes.

No era la primera vez que le sucedía... Unas veces todo a su alrededor giraba con furioso vértigo, otras el mundo se detenía hasta congelarse y se sentía un silencio sepulcral. Trató de coordinar sus movimientos pero el aire era pesado y la bruma lo iba encerrando. No sentía su cuerpo. Trató de gritar, de pedir ayuda, pero su propia voz se ahogó en su garganta.

Se dio cuenta de que debía ser una pesadilla y de que pronto se despertaría. Si... su angustia terminaría entonces. Terminaría cuando pudiese respirar, cuando volviese a la realidad, cuando las sombras desaparecieran para dejar ver algún gesto amable.

No quería dejarse vencer. Hizo un nuevo esfuerzo. Entonces sintió que la luz se iba apagando y que las sombras se iban desvaneciendo y con ellas las máscaras y sus espantosos sonidos. Por fin se quedó solo.

Trató de recobrar la calma pero sus nervios estaban agotados. Sus párpados empezaban a pesarle hasta que sintió que ya no podía mantenerlos abiertos. Entonces busco a tientas un lugar donde recostarse y por fin pudo quedarse dormido.




Sylvia Vera, al ermitaño que todos llevamos dentro...
Junio 7, 2001