
Todas las tardes Dios salía a pasear por los caminos y jardines del cielo en compañía de sus angelitos. A ellos les encantaba jugar con las estrellas, pasar debajo del arco iris y lanzarse motitas de nubes. Había entre ellos un angelito más travieso que los demás, Natalia, a quien le encantaba inventar nuevos juegos divertidos.
Este día el paseo estaba resultando como siempre: divino. Todos los angelitos jugaban tranquilamente y Natalia no había hecho travesuras. Dios pensó: “Hoy es un día tranquilo, no necesito vigilar a mi angelito consentido porque se está portando muy bien, así que puedo descansar un poco”.
Natalia se quedó mirando al arco iris y pensó: ¿y si me deslizo por él? Y así lo hizo. Fue entonces cuando cayó a la tierra y llegó a casa de mamá. Cuando mamá lo vio, sintió una emoción muy especial, no pudo resistir la tentación y se quedó con el angelito.
Cuando llegó la noche, Dios les dijo a sus angelitos: “vamos pequeños, ya es hora de dormir” y empezó a acostarlos de uno en uno. Cuando terminó, ¡horror! ¡Había una nubecita vacía! Faltaba Natalia, su angelito más pequeño, el consentido. Lo buscó desesperadamente pero no lo encontró en el cielo.
Fue entonces cuando decidió buscarlo en la tierra. Y como Dios lo sabe todo, no tardó en encontrarlo en casa de mamá. Cuando lo vio, mamá lo tenía acurrucadito, dándole su tetero al tiempo que le cantaba suavemente:
Duérmase mi niña, que tengo que hacer: lavar los pañales, irme a coser...
Duérmase mi niña, que tengo que hacer: lavar los pañales, hacer de comer...
Esa niña quiere que la duerma yo, que la duerma mami, que la parió...
Esa niña quiere que la duerma yo, que la duerma mami, que la parió...
Dios se dio cuenta de que mamá no podría vivir sin su angelito y decidió dejarlo con ella. Y desde ese momento hay una niñita angelical que vive en la tierra y que acompaña a mamá mientras ella le canta:
Duérmase mi niña, que tengo que hacer: lavar los pañales, irme a coser...
Duérmase mi niña, que tengo que hacer: lavar los pañales, hacer de comer...
Esa niña quiere que la duerma yo, que la duerma mami, que la parió...
Esa niña quiere que la duerma yo, que la duerma mami, que la parió...
Para Natalia con amor de mamá
Noviembre 13, 1998
