domingo, 27 de mayo de 2007

Entrañas


Majestuosa ciudad imperial

de reyes, encajes y filigranas,

que deja escapar de entre sus balcones

dulce aroma de misterio y encanto.


Vas cubierta con tu delicado velo

de bruma y neblina

que cubre tu cielo

como un manto de suspiro extendido.


Guardas en tu memoria emociones empolvadas,

lisura y jarana,

llevando en tu seno la sonrisa suave

de abuelos cansados

que duermen en tus entrañas escondidos

entre el verdor de la hierba mojada,

cuidando tu tierra cual bravos guerreros.


Infancia añorada, recuerdos remotos

de tiempos perdidos que corren veloces,

dejando a su paso la ternura suave

de sus viejas manos de tul transparente

que apenas recogen sus huesos cansados.

Frágil piel que cubre más alma que cuerpo,

más sueño que vida.


Temblorosas, inseguras alas de mariposa

que con miedo se mueven,

dejando escapar el bocado,

evocan hazañas y glorias pasadas.


La vida y la muerte por imperceptible hilo

unidas se encuentran.


Helado silencio, amable recuerdo.

Jardín de alegrías y de eterno reposo.

No puedo mirarte fijamente a los ojos

sin sentir que tocas muy hondo en mi alma,

que mueves recuerdos, que traes mi infancia.


Deshabitadas moradas se llenan de magia.

Extraños rostros desaparecen

dejando a su paso sabor a nostalgia.


Congela mi mente y hiere mi pecho,

deseando el descanso y la paz que no tengo.

Disuelve rutina, trabajo y efectos

y me pide a gritos viajar al Eterno.


Sylvia Vera, a mis recuerdos de infancia y patria

Enero 21, 2002